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Diego y Arturo, promesas del futbol morelense, están entre las víctimas del ataque al velorio

Los adolescentes jugaban en el Baxter. Diego falleció a tan solo 15 años de edad, y Arturo se debate entre la vida y la muerte
Por: Estrella Pedroza

Diego Miranda, con tan solo 15 años de edad, era una promesa del futbol morelense, pero el pasado 1 de septiembre se convirtió en una de las víctimas del ataque en el velorio de Cuernavaca. Tras su asesinato, sus compañeros del equipo infantil del Baxter, al que pertenecía, y su entrenador Gregorio Yáñez, exigen justicia para Dieguito, como cariñosamente le llamaban, y para las otras 21 víctimas, principalmente para todos los jóvenes y menores de edad.

Diego acudió el pasado martes al velorio de su amigo que perdió la vida al impactarse con su motocicleta en el Paso Express.

Apenas habían transcurrido unos minutos de su llegada, cuando hombres armados balearon a los asistentes al funeral.

El adolescente ingresó al equipo de futbol Baxter, recientemente nombrado Centro de Formación “Gregorio Yáñez” (CFGY), cuatro años atrás. Realizó pruebas de rendimiento; con su capacidad, rapidez y pases largos cautivó a los directivos que no dudaron en integrarlo a sus filas. Desde entonces se convirtió en el mediocampista del equipo.

Su liderazgo nato lo llevó en distintas ocasiones a ser capitán del equipo en distintos torneos, en los que obtuvieron el campeonato.

Estaba a unos pasos de pasar a un plano más profesional, pues algunos equipos de primera división en fuerzas básicas estaban interesados en él.

“En noviembre realizaría pruebas para las fuerzas básicas del Cruz Azul, hace unos meses le di la noticia de que existía la oportunidad de ingresar y se puso muy contento y se comprometió a prepararse para estar al 100 para las pruebas”, recordó su entrenador, quién se mostró totalmente consternado por el asesinato del joven.

El instructor deportivo describe a Dieguito como “un niño sano, protector, carismático, que se ganó el cariño y respeto de sus compañeros y directivos”.

Arturo Ocampo es otro integrante del equipo del CFGY, también tuvo la desgracia de estar en el sepelio junto con Diego, por ahora se debate entre la vida y la muerte. Por tal razón, en el centro deportivo la sensación de impotencia invade tanto a los jóvenes como a los adultos.

Con coraje e impotencia, Gregorio Yáñez lamentó que las autoridades del actual gobierno y de las anteriores administraciones no estén a la altura de las necesidades del estado, pero sobre todo que no muestren un interés real en la niñez y en las juventudes, sector al que le han quedado a deber mucho.

Como entrenador ha visto pasar a varios jóvenes y adolescentes, promesas importantes para el deporte, como Juan Francisco Sicilia (hijo de Javier Sicilia) y Diego, a los que la descomposición social, la omisión de las autoridades y el crimen organizado les han arrebatado sus sueños y toda una vida por delante.

El entrenador reprochó que las autoridades se limiten a responsabilizar al crimen organizado y criminalizar a las víctimas en lugar de hacer su trabajo.

“Exigimos justicia para Diego y para todas las víctimas de ese acto cobarde”.

Decenas de personas, entre ellos amigos y compañeritos de Diego, en redes sociales manifiestan su indignación y exigen justicia.

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